Icono bizantino de Pentecostés representando al Espíritu Santo con los apóstoles, obra de Tais Gea en Maranatha

Discernimiento: el arte de la vida espiritual

«Sin el carisma del discernimiento, ninguna virtud puede subsistir y permanecer firme hasta el final: él es madre y guardián de todas las virtudes»
Casiano el Romano

El discernimiento como arte de la vida espiritual

El discernimiento es la intuición de un corazón pegado a Dios. Es el arte de la vida espiritual que consiste en comprender cómo Dios se comunica con el hombre, es decir, cómo actúa en el hombre la redención en Cristo Jesús.

En el discernimiento, el cristiano busca la libre adhesión a Dios, quien libremente se ha entregado en sus manos por medio de Cristo. El discernimiento propio de la primera semana de los Ejercicios de san Ignacio se produce en un movimiento entre: «Dios» y «yo». El ejercitante buscará ponerse totalmente en las manos de Dios, es decir, buscará ser todo de Dios, orientarse totalmente a Él.

Icono de Pentecostés en estilo bizantino contemporáneo por Tais Gea
El Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles y María – Icono de Pentecostés por Tais Gea

Experiencia de Dios en el discernimiento

El discernimiento presupone en el ejercitante una experiencia de Dios. No puede ser mera experiencia intelectual, sino relacional: la experiencia de sentirse amado por un Dios que se dona gratuitamente en Cristo. El ejercitante se descubre en Dios por medio de Cristo, se descubre hijo en el Hijo.

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San Ignacio, en la dinámica de la primera semana, conduce al ejercitante a esta experiencia. A través de la meditación en Dios Creador y sus atributos, en la creación, en el Amor del Padre y en las realidades últimas, se llega a la experiencia más radical de la vida cristiana: el perdón.

El perdón es el contenedor del Amor de Dios. La vida cristiana comienza con un perdón (el del bautismo), es la experiencia fundante y única, certeza en la fe.

Creer, conocer y amar: tres dimensiones inseparables

En el discernimiento entran en juego tres dimensiones: creer, conocer y amar. No pueden separarse:

  • Si creer se aparta del amar → la fe se reduce a contenidos, con riesgo de moralismo.
  • Si conocer se fractura del amar → se cae en racionalismo, ideologías y rigorismos.

Sólo el Espíritu Santo puede mantener unidas fe, conocimiento y amor.

El discernimiento como lenguaje con Dios

En el discernimiento, la vida propia, la de los demás, la historia personal y universal, y toda la creación, dejan de ser mudas y comienzan a comunicar el Amor de Dios.

Icono bizantino de San Ignacio de Loyola enseñando el discernimiento de espíritus
San Ignacio de Loyola, maestro en el discernimiento de espíritus.

Discernir es, en esencia, hablar con Dios. Él se comunica con el hombre a través de sus propios pensamientos y sentimientos.

  • Dios es Amor, y el hombre participa de ese Amor en el Espíritu Santo.
  • La comunicación de Dios con el hombre es siempre en el Amor.

Esto revela una inteligencia contemplativa, el arte de contemplar y ver a Dios. En esta visión, el hombre se reconoce en relación con Dios y con la creación, incluso en su pecado, porque solo en el horizonte del amor existe la libertad para no adherirse a Dios.

La verdadera inteligencia está en el amor

El hombre que discierne se ve y se conoce en Dios. Su realidad más esencial es el Amor de Dios que lo crea y lo habita. Y quien garantiza esta presencia del Amor es la Persona del Espíritu Santo.

En la tradición cristiana, la inteligencia siempre se entendió de manera orgánica: incluye raciocinio, intuición, sentimiento, afecto, voluntad y sensorialidad. En el lenguaje espiritual, todo esto se sintetiza en el corazón.

Por lo tanto, el discernimiento presupone una inteligencia contemplativa que abarca toda la realidad del ser humano.

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Pensamientos, sentimientos y la acción del Espíritu

Dios se comunica a través de pensamientos y sentimientos. Pero sabemos que estos pueden venir:

  • De nuestro mundo interior.
  • Del mundo que nos rodea.
  • Del maligno.
  • O del Espíritu Santo.

Por ello, es necesario discernir. El criterio último es preguntarse:

¿Me conduce este pensamiento o sentimiento a mi fin último: “alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor” (EE 23)?

Son de Dios aquellos que nos acercan a este fin; son del enemigo los que nos apartan de él.

El vínculo entre pensamiento y sentimiento

  • Si un pensamiento orienta el sentimiento hacia el amor, la verdad y el bien, ayudando a vencer el pecado → proviene del Espíritu de Dios.
  • La relación entre pensamiento y sentimiento revela nuestra adhesión a Dios.

El sentimiento puede engañar, pero siempre nos conecta con la vida concreta. Las ideas, en cambio, pueden desconectarnos de la realidad. Por eso, discernir ambos juntos es clave.

Discernimiento: frontera entre lo psicológico y lo espiritual

El discernimiento es un arte en la frontera entre lo psicológico y lo espiritual. Pensamientos y sentimientos no son sólo realidades internas, sino espacios donde actúa el Espíritu Santo.

Discernir es captar en el interior del hombre lo que es de Dios y lo que Él comunica.