¿Qué sucede en la Misa?

¿Qué sucede en la Misa? La Misa es un acto litúrgico por el que el cristiano vive en primera persona y en su propia vida el misterio Pascual (pasión, muerte y resurrección) de Cristo.

Por liturgia entendemos el conjunto de palabras, acciones y gestos que la Iglesia realiza y a través de los cuales Dios Padre realiza su obra de atraer a todos los hombres y a toda la creación a la comunión con Él.

La Misa o Celebración Eucarística es una memoria, un sacrifico y un banquete. Una imagen que nos puede ayudar a visualizar lo que sucede en la Misa es la Transfiguración del Señor.

En la Celebración Eucarística ascendemos al Reino de los Cielos y allí gustamos y nos alimentamos de su palabra que es la Sagrada Escritura y de su Cuerpo resucitado que es la Eucaristía.

Por lo tanto, la Celebración Eucarística se puede comparar con la subida a un monte con diversas etapas, por eso se dice que es una anáfora, que significa subida.

¿Cómo inicia la Misa?

La Misa inicia con el sacerdote besando el altar, que es símbolo de Cristo. En este momento el sacerdote representa a toda la asamblea reunida y en nombre de todos besa a Cristo.

Después se hace la señal de la cruz, es decir, comenzamos haciendo una profesión de fe en el Dios Trinitario. Invocar la Trinidad es reconocer que la Misa es un evento sagrado y relacional. Así como en Dios se da una relación plena y auténtica entre las tres personas divinas, nosotros vamos a entran en relación con cada una de las tres Personas y con todos los fieles. No es un evento individualista, sino en comunión.

La Misa es un solo acto de culto, una sola mesa que nos alimenta en dos momentos:

  • La mesa de la Palabra.
  • La mesa del Pan eucarístico.

La pieza que une estas dos mesas es el Ofertorio.

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La Liturgia de la Palabra

La Palabra se lee desde el ambón. Desde allí se proclama la Palabra que viaja por el espacio y llega a oídos de los fieles y entonces se obra una transformación. El hombre se convierte en lo que escucha.

La Palabra es oída y de este modo comienza a habitar en el cristiano que la escucha (Jn 14,20). Entra en su mente y en su corazón, y comienza a realizar una acción transformadora de su vida. Mientras se proclama y se escucha los fieles están mirando el altar, que representa a Cristo. Esto simboliza que la palabra de la Sagrada Escritura se entiende desde Cristo y en el altar esa palabra se convertirá después en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Icono de Jesús instruyendo a sus discípulos con su palabra, estilo bizantino
Cristo enseña con autoridad y ternura a sus discípulos, revelando el Reino de Dios

Al acoger la palabra acogemos una persona que es Cristo, y así comenzamos a tener los mismos sentimientos (Flp 2,5) y la misma forma de pensar que Cristo (1 Cor 2,16).

La primera acción de esta Palabra en los cristianos es que los constituyen en Cuerpo de Cristo. Es el cuerpo de Cristo eclesial anterior al Eucarístico.

El Ofertorio

Esta es la pieza que une la mesa de la Palabra y la mesa del Pan Eucarístico.

El ofertorio es el momento en el que el sacerdote recoge el pan y el vino y los pone sobre el altar.

Pueden venir en procesión o tomarlos de una mesa que normalmente encontramos en el presbiterio.

Icono bizantino de Melquisedec ofreciendo pan a Abrahán, símbolo eucarístico
Melquisedec, sacerdote y rey, ofrece pan y vino a Abrahán prefigurando la Eucaristía

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Es un momento cósmico, es decir, toda la creación está implicada. Por una parte, tomamos los elementos de la naturaleza (trigo y uvas) y, por otra, el trabajo de los hombres que procesan esos elementos naturales para elaborar el pan y el vino.

Los elementos materiales de la naturaleza representan toda la creación y el trabajo de los hombres simboliza el esfuerzo, las relaciones, la cultura y toda nuestra vida en este momento.

La Liturgia Eucarística

La liturgia Eucarística tiene tres partes que suceden según el siguiente orden cronológico:

  • Prefacio
  • Plegaria Eucarística
  • Comunión

El prefacio es una acción de gracias. Damos gracias al Padre, por medio de Cristo en el Espíritu Santo, por todas las obras que ha realizado: la creación, la redención y la santificación. Terminamos el prefacio alabando al tres veces Santo.

Continua la Plegaria Eucarística que inicia con la primera epíclesis o invocación explícita del Espíritu Santo para que descienda sobre el pan y el vino.

En este momento el sacerdote impone las manos sobre las ofrendas y posteriormente llega el relato de la institución de la Eucaristía y, así, por medio de la fuerza de las palabras, los gestos del sacerdote y el poder del Espíritu Santo, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo.

Icono bizantino del primer concilio de Jerusalén con el Espíritu Santo descendiendo sobre los apóstoles
El Espíritu Santo guía a los apóstoles en el primer concilio de Jerusalén, símbolo de unidad eclesial

Pero en este pan y vino no solo está el trigo y la uva, también las vidas de los fieles que participan.

Por lo que se consagra no solo el pan y vino, también la vida ofrecida de cada uno de los fieles.

Memoria de toda la redención

Justo después hay una memoria o anamnesis de toda la redención: Pasión, muerte y resurrección.

Posteriormente sigue la segunda epíclesis que tiene lugar de forma implícita donde el sacerdote invoca el Espíritu Santo para que haga de todos los presentes una unidad en Cristo. Se configura así el Cuerpo de Cristo Eclesial: «Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad».

Ahora ya entramos en el Reino de los Cielos. Y allí nos encontramos con el cuerpo resucitado de Cristo.

Después de la Consagración, no estamos todavía en la cumbre, pero sí estamos en el Reino de los Cielos. Allí podemos ver las realidades de nuestra tierra y vida de modo diferente y sabemos qué pedir. Pedimos por la Iglesia, por el Papa, por los hombres, por los difuntos, por las necesidades personales y de los demás.

Entre la Plegaria Eucarística y la comunión hay una parte que es la cima de la montaña, es la oración más solemne de toda la Misa. La oración que se conoce como doxología. En este momento nos encontramos delante del Padre: de Él salimos y a Él regresamos.

El sacerdote levanta solemnemente el Cuerpo y Sangre de Cristo en nombre de toda la asamblea y ofreciendo a todos los presentes ante el Padre dice: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre…».

Así, en el Reino de los Cielos, ante el Padre que nos acoge y nos introduce en el abrazo de la Trinidad, rezamos la oración que Cristo nos enseñó. Solo en el Reino y ante el Padre podemos rezar esta oración: El Padre nuestro…

Icono bizantino de Cristo resucitado enviando a sus discípulos a predicar el Evangelio
Cristo resucitado reúne a sus discípulos y los envía a evangelizar el mundo

El rito de la Comunión

Llegamos al momento del rito de la Comunión. Esto sucede después del Padre nuestro y de darnos la paz. Lo precede un diálogo maravilloso entre el celebrante y la asamblea.

Los reunidos comienzan con el Cordero de Dios. Es una oración en la que es el cristiano pide al Cordero piedad y paz. Es una oración que nos prepara para el banquete. Tras invocarlo tres veces el sacerdote lo levanta, lo señala (Ap 3,20) y dice a la Asamblea que le busca: «Este es el Cordero de Dios…».

Inmediatamente después la asamblea profesa su fe en Él usando la frase de un pagano del evangelio de Mateo: «Señor no soy digno que entres en mi casa…», (Mt 8,8-9).

Seguidamente el sacerdote lee un versículo que une otra vez la Palabra de la primera mesa al Cuerpo de Cristo, que es la Palabra hecha carne.

Posteriormente, el celebrante se acerca a los fieles para darles el Cuerpo y Sangre de Cristo. Nosotros no somos dignos de comulgar, pero Él nos hace dignos para poder ser salvados.

Este hermoso diálogo entre el sacerdote y la asamblea termina con el Amén del fiel cristiano al recibir el cuerpo de Cristo que es su vida nueva. La vida que antes había presentado en el ofertorio y ahora recoge trasformada. Cristo es la vida del hombre. Y de este modo puede decir el cristiano con verdad: «Cristo en mí y yo en Cristo».

Después transcurre un momento de oración personal en silencio y el sacerdote sigue con la última oración para bendecir al pueblo y enviarlo a la misión de hacer presente el amor del Padre a los hombres, que es hacer presente a Cristo con sus vidas.

Hay una sola liturgia, la celestial, que se declina en dos momentos: la liturgia celebrada y la liturgia vivida. La celebrada es la Misa que acaba de vivir el fiel y vivida comienza en el momento que el fiel sale por la puerta del Iglesia. Lo que el cristiano vive en su vida ordinaria: en la casa, en el trabajo…. Es así cómo el cristiano santifica el mundo y le lleva a la comunión con el Padre.